Las medicinas sirven para curar enfermedades. Los libros nos sirven para transmitir ideas. Las historias sirven para entretenernos, para enseñar y a veces un poco de ambas. Los programas de computadora automatizan tareas para hacernos más fáciles algunas tareas y así permitirnos dedicarnos a la parte importante de nuestro trabajo.

Sin embargo, cuando pienso en las prioridades de las empresas farmacéuticas que hacen medicinas, las editoriales que publican libros, películas o música, las compañías que se dedican a hacer software no parece haber diferencia entre ellas. No surge al tema cómo curar las enfermedades o cómo mejorar las condiciones de vida de las personas, cómo permitir que las personas tengan acceso al conocimiento o al entretenimiento.

Todas éstas empresas parecen estar enfocadas más bien en cómo hacer la mayor cantidad de dinero posible, con el menor esfuerzo (o inversión) y desplazar a la competencia. Y todo ésto parece muy natural.

Esta noción de naturalidad me parece curiosa porque oigo muy seguido la idea de que las empresas «atienden a las necesidades de la sociedad».

Últimamente más bien pienso que la sociedad atiende las necesidades de las empresas. Pagamos sus impuestos, les hacemos el estudio de mercado gratis. Y les hacemos leyes para mantener su modelo de negocio por obsoleto que sea. Todo sin enterarnos.

Creo que hace falta un cambio de prioridades si lo que queremos es mejorar nuestras condiciones de vida, pero éste cambio no va a venir desde arriba, ni el gobierno ni las empresas privadas tienen el interés de cambiar la situación. ¿Por qué habrían de hacerlo?

Pero nosotros sí que deberíamos cambiar éstas prioridades.