Cada peso que gastamos apoya algo.

Cuentan éstos creedores y creadores de utopías que con la red libre y neutral que actualmente es internet las rentas se disipan. Es decir, que nadie puede tener un ingreso mayor al valor del producto o servicio que ofrece.

Sea ésto cierto o no (yo voy a que sí lo es), sí que ha permitido formas de «creación y propiedad colectiva» en que se desarrollan bienes comunes y alrededor de éstos se desarrollan mercados y servicios: Software Libre, Cultura Libre (Música Libre, Creación Literaria Libre).

Éstos bienes [libres] comunes son legalmente distribuíbles, modificables y negociables. El último punto es importante porque permite la formación de los mercados y servicios que mencionaba; que son precisamente lo que incentiva la generación de un «procomún». Por eso no llamo «libre» a lo que no es comercializable pero sí distribuíble libremente (CC-NC), aunque me digan que «vender algo que no recibes gratis es una canallada».

Y entonces regreso al título y la primera cita: Cada peso que gastamos apoya algo y gran parte de los bienes libres se pueden conseguir de manera gratuita. La mayoría de los bienes que no son libres no se consiguen de manera gratuita salvo por medios ilegales (ojo que no necesariamente malos, «copiar no es robar»), además de que promueven la generación de escacez.

Y entonces reformulo el título que mantendré así porque me gusta como “motto” (que también dejaré como “motto” porque suena más bonito que «lema»): deberíamos empezar a pagar por lo que es libre y no comprar lo que no lo es (lo que no es libre pero es gratis es igual de malo).