Acabo de notar que mi escritura es como una isla de hielo. Es fría, densa, inhabitable, infértil, insondable, sin dueño.

Hoy sentí como si escuchara el nombre del viento. Encontré una pared hecha de prejuicios: escribo para seres imaginados.

Sé que es inútil, pero llevo la vida haciéndolo. La costumbre de pensar en "el pueblo" como dice mi abuela, "la sociedad" como dice el periódico, "la gente", "México", "la humanidad" o sus equivalentes.

La forma en que hablamos construye lo que pensamos, la forma en que pensamos condiciona lo que hacemos, y todo eso sin que nos demos cuenta.

Así es como terminé, sin notarlo, evitando la audiencia por escribir para nadie.